Alimentarse bien es más simple de lo que parece
Vivimos bombardeados por dietas milagrosas, superalimentos de moda y restricciones que parecen diseñadas para complicarnos la vida. Pero la alimentación saludable no necesita ser extrema ni costosa. Se trata de hacer mejores elecciones, de a poco, y sostenerlas en el tiempo.
La alimentación consciente no es una dieta: es una forma de relacionarte con la comida prestando atención a qué comés, cuánto, cómo y por qué.
El plato saludable: tu guía visual
Una forma práctica de armar comidas equilibradas es pensar en tu plato dividido en partes:
- Mitad del plato: verduras y frutas. Cuanta más variedad de colores, mejor. Crudas, cocidas, al horno, al vapor.
- Un cuarto del plato: proteínas. Carne magra, pollo, pescado, huevos, legumbres o tofu.
- Un cuarto del plato: carbohidratos de calidad. Arroz integral, fideos, papa, batata, pan integral.
- Un chorrito de grasa buena: aceite de oliva, palta o frutos secos.
- Agua como bebida principal.
Hidratación: lo que muchos subestiman
El cuerpo necesita alrededor de 2 litros de agua por día, más si hacés ejercicio o estamos en verano cordobés. Las señales de deshidratación leve incluyen dolor de cabeza, cansancio, falta de concentración y piel seca.
- Llevá siempre una botella con vos.
- Si te cuesta tomar agua sola, agregale rodajas de limón, pepino o menta.
- Las infusiones sin azúcar también cuentan.
- Limitá las gaseosas y jugos azucarados: un vaso de gaseosa tiene unas 7 cucharaditas de azúcar.
Lectura de etiquetas: aprendé a decodificarlas
No hace falta ser nutricionista para leer una etiqueta. Prestá atención a estos puntos:
- Orden de ingredientes: van de mayor a menor cantidad. Si el azúcar o el jarabe de maíz están entre los primeros tres, reconsiderá.
- Sellos negros octogonales: Argentina implementó el etiquetado frontal. Si un producto tiene muchos sellos (exceso de azúcares, grasas, sodio, calorías), es una señal clara.
- Porción vs. envase: muchos productos parecen bajos en calorías, pero la porción que indican es irreal. Mirá cuántas porciones trae el envase.
- Sodio: es un dato clave. Productos como pan lactal, galletitas, salsa de tomate y fiambres pueden tener niveles altísimos de sodio sin que lo notes.
Snacks inteligentes
Picotear entre comidas no es malo si elegís bien:
- Un puñado de frutos secos (sin sal ni azúcar agregada).
- Fruta fresca de estación.
- Yogur natural con semillas.
- Bastones de zanahoria o apio con hummus.
- Una tostada integral con queso untable.
Comer consciente: más allá de qué comés
La alimentación consciente también tiene que ver con el cómo:
- Comé sentado y sin pantallas. Cuando mirás el celular o la tele, perdés registro de lo que comés y tendés a comer de más.
- Masticá despacio. La señal de saciedad tarda unos 20 minutos en llegar al cerebro.
- Preguntate si tenés hambre real o estás comiendo por aburrimiento, ansiedad o costumbre.
- No te saltees comidas. Comer regularmente ayuda a mantener estable el nivel de azúcar en sangre y evita atracones.
No se trata de perfección
Una alimentación saludable no significa comer impecable el 100% del tiempo. Se trata de que la mayoría de tus elecciones sean buenas. Un asado con amigos, un helado en familia o unas empanadas un domingo no arruinan nada si tu base diaria es sólida.
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