No existe una sola forma de hacer ejercicio
La actividad física es uno de los pilares fundamentales de la salud, pero no tiene que ser la misma para todos. Lo que funciona a los 25 no necesariamente es lo ideal a los 55, y forzar el cuerpo sin considerar la etapa de vida en la que estás puede generar más problemas que beneficios.
La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa para adultos. Pero más allá de los números, lo importante es encontrar lo que disfrutes y puedas sostener en el tiempo.
En tus 20s: construí las bases
Es la década con mayor capacidad de recuperación y rendimiento. Aprovechala para:
- Explorar: probá deportes de equipo, crossfit, artes marciales, natación, running. Es el momento de descubrir qué te gusta.
- Entrenar fuerza: desarrollar masa muscular ahora es una inversión a largo plazo. A partir de los 30, empezamos a perder masa muscular gradualmente.
- Trabajar flexibilidad: incorporá yoga o estiramientos. Tu cuerpo joven te lo va a agradecer en 20 años.
Frecuencia sugerida: 4-5 veces por semana, combinando cardio y fuerza.
En tus 30s: consolidá el hábito
Las responsabilidades laborales y familiares empiezan a competir con el tiempo de ejercicio. La clave es la eficiencia:
- Entrenamiento funcional: movimientos que replican actividades diarias (agacharse, levantar peso, empujar).
- HIIT (intervalos de alta intensidad): máximo resultado en menos tiempo. Sesiones de 20-30 minutos pueden ser muy efectivas.
- Cuidá las articulaciones: empezá a prestar atención al calentamiento previo y al estiramiento posterior.
Frecuencia sugerida: 3-4 veces por semana, mínimo 150 minutos semanales.
En tus 40s: priorizá la constancia sobre la intensidad
El metabolismo se empieza a ralentizar y las lesiones tardan más en sanar. Es momento de ser más estratégico:
- Fuerza con cargas moderadas: fundamental para mantener masa muscular y densidad ósea.
- Ejercicio aeróbico de impacto moderado: bicicleta, elíptica, natación, caminata a paso rápido.
- Trabajo de equilibrio y propiocepción: previene caídas y mejora la postura.
- Chequeo médico deportivo: una ergometría antes de arrancar o cambiar de rutina.
Frecuencia sugerida: 3-4 veces por semana, escuchando al cuerpo.
En tus 50s: movete para vivir mejor
El ejercicio a esta edad es clave para prevenir enfermedades crónicas y mantener la independencia funcional:
- Caminata diaria: 30 minutos a paso sostenido tienen un impacto enorme en la salud cardiovascular.
- Pilates o yoga: fortalecen el core, mejoran la postura y reducen dolores de espalda.
- Ejercicios acuáticos: excelentes para quienes tienen problemas articulares. El agua reduce el impacto un 90%.
- Entrenamiento de fuerza suave: con bandas elásticas, mancuernas livianas o peso corporal.
Frecuencia sugerida: todos los días algo de movimiento, 3 sesiones estructuradas por semana.
60 años y más: cada paso cuenta
El ejercicio a esta edad no es opcional, es medicina. Los beneficios son enormes:
- Prevención de caídas: ejercicios de equilibrio como tai chi reducen el riesgo de caídas un 40%.
- Mantenimiento cognitivo: la actividad física regular reduce el riesgo de deterioro cognitivo.
- Socialización: clases grupales, caminatas con amigos, baile. El componente social es tan importante como el físico.
- Movilidad articular: movimientos suaves que mantengan el rango de movimiento.
Frecuencia sugerida: movimiento diario, adaptado a las posibilidades individuales.
Un consejo para todas las edades
Antes de empezar cualquier actividad física nueva, consultá con tu médico, especialmente si tenés alguna condición preexistente. Y recordá: el mejor ejercicio es el que podés sostener en el tiempo.
En PREME contás con traumatólogos, kinesiólogos y médicos deportólogos en tu cartilla. Antes de arrancar, hacé tu chequeo y movete con tranquilidad.

